Expertos internacionales defienden en Madrid la importancia de los bancos verdes para financiar la transición ecológica

Madrid, 10 de diciembre de 2019.— Los bancos verdes son la mejor herramienta para apoyar las inversiones necesarias contra el cambio climático y “financiar el cambio del marrón al verde” desde la colaboración público-privada. Esta es una de las principales conclusiones de una jornada organizada este martes por Greenward Partners y la Coalition for Green Capital en el auditorio del Instituto de Crédito Oficial (ICO) en Madrid.

La falta de financiación es el gran obstáculo para que despeguen las inversiones requeridas por los países en su transición hacia una economía descarbonizada, de acuerdo con los expertos internacionales reunidos en la jornada, coincidiendo con la celebración en la capital española de la Cumbre del Clima COP25.

“Necesitamos un billón de dólares al año de inversión adicional en energías limpias para mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados, pero los fondos públicos todavía son insuficientes para financiar el cambio del marrón al verde”, ha advertido Rob Youngs, director de Programas de la Coalition for Green Capital. “Por ello, los países deben esforzarse por canalizar cada vez más inversiones privadas hacia proyectos climáticos”, ha añadido.

Mesa de ponentes

En este contexto, numerosos países han puesto en marcha bancos verdes o green banks en los últimos años, con el objetivo de agregar y asignar recursos financieros de forma eficiente para alcanzar objetivos de impacto en la lucha contra el cambio climático. “Es una iniciativa nueva en España, pero está muy consolidada en otros países”, ha explicado el presidente del ICO, José Carlos García de Quevedo, durante la apertura de la jornada.

“Los objetivos de sostenibilidad han llegado para quedarse y solo pueden ser afrontados desde la colaboración público-privada”, ha defendido García de Quevedo, convencido de la importancia de que las instituciones públicas y las compañías privadas vayan de la mano para hacer frente a los desafíos medioambientales. “Debemos unir fuerzas y experiencia para impulsar las inversiones verdes y tenemos que hacerlo con el mercado, no contra el mercado”, ha insistido.

Desde el sector privado, Eduardo Brunet, CEO y fundador de Greenward Partners, se ha sumado al llamamiento del presidente del ICO y ha defendido la necesidad de “trabajar en equipo” para cubrir el actual déficit en inversiones para la transición ecológica a través de bancos verdes como los que ya funcionan de manera exitosa por todo el mundo.

“Es cierto que nos rodea un cierto pesimismo por las evidencias cada vez más demoledoras sobre las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero hay un aspecto claramente positivo, y es que el cambio climático nos iguala a todos y todos debemos colaborar para combatirlo. Y aquí viene el optimismo: cuando el ser humano se pone una meta, se arremanga y trabaja en equipo, no hay nada que se nos resista”, ha afirmado el representante de Greenward, la primera empresa especializada en la activación del capital ecológico en España.

“Hemos llevado a los astronautas a la Luna con menos tecnología de la que tiene hoy cualquier móvil, hemos erradicado enfermedades que parecían invencibles y hemos sacado de la pobreza y del analfabetismo a miles de millones de personas”, ha detallado Brunet, como ejemplo de otros grandes desafíos a los que la humanidad se ha enfrentado con resultados positivos en el pasado.

Con respecto a los retos específicos que plantea el cambio climático, Brunet y los demás especialistas internacionales reunidos en Madrid han destacado el enorme potencial de los bancos verdes para derribar “los obstáculos que impiden que la financiación climática despliegue todo su potencial”, como las trabas regulatorias, la falta de incentivos o la dispersión de actores públicos y privados.

La jornada ha contado con la participación de responsables de algunas de las instituciones más pioneras e importantes del mundo en financiación verde, como Rosa Sánchez-Yebra, vicegobernadora de Estrategia de Desarrollo Social del Council of Europe Development Bank; Andrea Colnes, directora de Desarrollo Internacional de la Coalition for Green Capital; Peter Sweatman, CEO de Climate Strategy; Rob Youngman, Team Leader del Centre on Green Finance and Investment de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y Craig Weise, CEO de New Zealand Green Investment Finance.

Estos bancos ecológicos tienen un mandato claro: multiplicar y acelerar el impacto de los limitados fondos públicos y, sobre todo, servir como canalizadores de la inversión privada para aprovechar la experiencia, flexibilidad y agilidad del mundo empresarial.

Ya es una realidad innegable. Según una reciente encuesta del Real Instituto Elcano, el 97% de los españoles está de acuerdo en que el cambio climático existe. Una vez identificada la amenaza con tanta claridad, gobernantes, empresarios y otros líderes mundiales están trabajando para encontrar la mejor forma de combatirla. Y entre esas soluciones, debemos poner el foco en la financiación, imprescindible para llevar a cabo las inversiones necesarias frente al desafío de descarbonizar nuestra economía.

El Acuerdo de París en 2016 marcó un hito en la lucha contra el cambio climático y nos presentó un escenario marcado por un billonario déficit de inversión para revolucionar el modelo económico y energético. No basta con los recursos públicos, que son limitados: hay que atraer urgentemente al capital privado para invertir de forma ágil, eficiente y a gran escala en esta necesaria transición.

Aquel pacto trasladó la iniciativa desde la órbita internacional o supranacional hacia el ámbito doméstico, a través de planes de acción nacionales para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Pasamos del entorno global a una esfera glocal, lo que implica también la adaptación y evolución de la actual arquitectura de financiación para proyectos climáticos.

Se trata de combinar la participación en objetivos internacionales de interés público con la responsabilidad local en la búsqueda de soluciones adaptadas al ecosistema y a las particularidades de cada país, desarrollando regulaciones y movilizando recursos al mismo tiempo que se simplifica el complejo sistema de intermediación a través de fondos bilaterales y multilaterales.

En esta esfera glocal, debemos impulsar también en España el modelo exitoso de los bancos verdes, entidades locales especializadas en la financiación de medidas de mitigación y adaptación frente al cambio climático. De titularidad mayoritariamente pública, estos bancos ecológicos tienen un mandato claro: multiplicar y acelerar el impacto de los limitados fondos públicos y, sobre todo, servir como canalizadores de la inversión privada para aprovechar la experiencia, flexibilidad y agilidad del mundo empresarial.

¿Qué ventajas competitivas ofrecen estos bancos verdes? En primer lugar, son independientes y tienen un mandato nítidamente definido: reducir barreras y asignar financiación eficiente para la lucha contra el cambio climático. Permiten agregar recursos privados y públicos, tanto nacionales como supranacionales, para el desarrollo de políticas públicas y la consecución de objetivos de impacto. En otras palabras: los bancos verdes ponen al capital privado -como los grandes fondos de inversión o de pensiones- a trabajar por el bien común.

Las voces más acreditadas llevan tiempo insistiendo en esta idea. «Para conseguir llegar a las cero emisiones en este siglo, los Gobiernos tendrán que maximizar su capacidad de adjudicar enormes cantidades de inversión privada en infraestructuras bajas en carbono y los bancos verdes pueden acelerar este cambio tanto a nivel nacional como regional», ha dicho Ángel Gurría, secretario general de la OCDE. «El banco verde es el instrumento a través del cual los Gobiernos pueden involucrar al sector privado e implementar la financiación superando barreras», ha explicado Michael Eckhart, director general de Citigroup y uno de los líderes mundiales en financiación contra el cambio climático.

En su reciente libro El Green New Deal global, el divulgador Jeremy Rifkin también apuesta por la creación de bancos verdes en todos los países, a nivel estatal y regional, como una de las medidas cruciales para hacer frente al colapso que él calcula para 2028 de los activos económicos vinculados a las energías que proceden de fuentes fósiles.

Dentro del amplio abanico de instrumentos que gestionan y promueven los bancos verdes, estas instituciones sirven para movilizar capital, aportar financiación y garantías e impulsar la innovación en productos y soluciones a través de proyectos piloto y sandboxes, así como habilitar y acelerar mercados.

Desde Greenward, la primera empresa española que persigue la activación de capital ecológico, defendemos la implantación en nuestro país de este esquema de colaboración público-privada como una forma inteligente, eficiente y compartida para transformar el panorama energético. En marzo asistí en París a la primera Cumbre Internacional de Bancos Verdes, donde representantes de más de 50 países trabajamos durante dos días en la articulación de propuestas concretas para consolidar y ampliar el alcance de estas entidades.

En aquel encuentro fuimos testigos de la materialización de los proyectos de Sudáfrica y Ruanda, que son solamente dos de los más de 15 bancos verdes que hoy existen en todo el mundo, desde los casos de éxito de Connecticut o Nueva York en Estados Unidos hasta Reino Unido, Suiza, Australia, Japón, Indonesia o Malasia, así como agencias y fondos especializados que funcionan bajo el mismo modelo dentro de los bancos nacionales de desarrollo en América Latina y Asia.

La tendencia es clara: en EEUU se ha tramitado una propuesta para crear desde cero un Banco Verde federal, en Europa se está estudiando la posibilidad de dar vida a un Banco Verde en el contexto del Green New Deal y en China nos llevan la delantera en la estructuración de instituciones especializadas en la financiación de proyectos climáticos y también trabajan en el lanzamiento de un Banco Verde central, por mencionar solo tres ejemplos significativos.

Necesitamos instituciones especializadas que sean capaces de dar soluciones innovadoras y canalizar eficientemente los ingentes recursos del ahorro privado que actualmente están infrautilizados. Los bancos verdes son una evidente historia de éxito y un modelo replicable en cualquier lugar del mundo. ¿A qué esperamos para abrir en España nuestro propio Banco Verde?

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