Son actuaciones que generarían entre 33.000 y 88.000 puestos de trabajo al año que necesitarían unas inversiones de 27.112 millones de euros.

La alianza Rehabilitar el Futuro, que integra a los principales actores del sector de la eficiencia energética en la edificación, ha propuesto al Gobierno la adopción de veinte medidas para activar la rehabilitación energética de edificios y aprovechar su potencial como motor de la recuperación económica y de la lucha contra el cambio climático.

La propuesta se ha llevado a cabo a través de la presentación de una propuesta a la Comisión de Reconstrucción Social y Económica del Congreso de los Diputados y de la publicación de un manifiesto.

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La alianza Rehabilitar el Futuro, que agrupa a los principales agentes del sector de la eficiencia energética, ha presentado al gobierno  una propuesta en la que recoge 20 medidas para promover la rehabilitación energética de edificios como motor de la recuperación y de la lucha contra el cambio climático. En la actualidad, el 80% de los edificios en España es ineficiente y es responsable del 40% del consumo de energía y de un tercio de las emisiones de CO2.

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Por Beatriz Treceño. Madrid

La Transición energética solo será posible con capital privado. Sobre esta premisa, la compañía de capital ecológico Greenward Partners pretende captar 20 millones de euros en los próximos tres años para financiar proyectos de eficiencia energética en edificios públicos y privados en España, donde se estima que el 85% del parque es ineficiente a nivel energético. Y, según los cálculos del Ministerio para la Transición Ecológica, actualizarlos supondrá un coste superior a los 40.000 millones de euros en los próximos 10 años. «El error de base es abordar la transición energética a cargo de los impuestos. Lo público tiene que abrir instrumentos ágiles para atraer capital privado, no hacer inversión directa», explica Eduardo Brunet, CEO de Greenward Partners.

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La transición energética necesita dinero para ser financiada. Lo saben las empresas y lo sabe la banca, que está inmersa también en una transformación en esta línea. En este sentido, los bancos verdes o green banks son ya comunes en numerosos países, aunque en España estén dando sus primeros pasos.

“Los objetivos de sostenibilidad han llegado para quedarse y solo pueden ser afrontados desde la colaboración público-privada”, defendía el presidente del Instituto de Crédito Oficial (ICO), José Carlos García de Quevedo, durante una jornada organizada esta semana por Greenward Partners y la Coalition for Green Capital. En este sentido, insistía García de Quevedo en que «debemos unir fuerzas y experiencia para impulsar las inversiones verdes y tenemos que hacerlo con el mercado, no contra el mercado”.

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Casas verdes. No es el nombre del último barrio de moda en una ciudad turística ni el nombre de una nueva cadena de decoración, es la última tendencia en el sector de la vivienda y la construcción que, como casi todo hoy en día, cada vez tiene más presente la sostenibilidad y el respeto medioambiental.

Según la Comisión Nacional de Energía, la eficiencia energética es la capacidad para usar menos energía para producir la misma cantidad de iluminación, calor, transporte y otros servicios energéticos. En otras palabras, consiste en hacer que los edificios consuman menos energía, reduzcan su impacto en el medio ambiente y sean capaz de autoabastecerse en la mayor medida posible.

Para convertir eso en realidad, en España se necesitan más de 40.100 millones de euros en los próximos diez años, según calculan en la compañía Greenward Partners en base a datos del Ministerio de Transición Ecológica. España, de acuerdo con la firma, es un mercado de 25 millones de viviendas, de las que el 55% son anteriores a 1980 y algo más del 20% superan los 50 años de antigüedad. Es decir, la mayoría de los hogares españoles alcanza o supera los 40 años de edad y, por tanto, tienen unos niveles de eficiencia muy reducidos.

«La actividad en renovación de edificios para hacerlos más eficientes y sostenibles ha sido muy escasa hasta la fecha en España», explica Eduardo Brunet, CEO de Greenward. Y lo ha sido por muchas razones, como los elevados costes o las dudas sobre la verdadera efectividad de este tipo de instalaciones.

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La concentración atmosférica de CO₂ medida por el observatorio Mauna Loa de Hawái, a 3 400 m de altitud y en uno de los ambientes más limpios, secos e intactos del planeta, alcanzó un nivel récord de 415,64  ppm el pasado 15 de mayo.

“Este nivel no es solo el pico estacional más alto registrado en 61 años de observaciones, sino también el más alto experimentado nunca por la humanidad y el más alto también en un período de millones de años”, aseguraba entonces el Dr. Pieter Tans, director científico del centro.

Los primeros registros históricos de Mauna Loa mostraban aumentos anuales de 0,7 ppm. En la década de los 90, dicha tasa de crecimiento interanual se situó en un promedio de 1,5 ppm y ascendió a 2,2 ppm en la década posterior.

El registro promedio mensual del pasado mes de mayo fue 3,5 ppm más alto que el del mismo mes de 2018, evidenciándose así el mayor crecimiento interanual experimentado nunca. Probablemente, como consecuencia de ello, el mes de julio de 2019 fue nuevamente el mes más cálido registrado en la Tierra: 0,04 ℃ por encima de la anterior marca de julio de 2016.

Hay evidencia abundante y concluyente de que los escenarios récord y la aceleración del cambio climático están causados por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. El mundo está tomando conciencia y se está actuando, pero ¿en suficiente medida?.

Probablemente no. Muestra de ello es la falta de atención hacia el parque edificado como gran elemento contaminante: un tercio de las emisiones globales de CO₂ se producen en los usos relacionados con los edificios y, sin embargo, sus tasas de rehabilitación energética siguen siendo todavía bajas.

Y aún hay más. Existe una gran fuente de valor oculta en la edificación, de naturaleza energética y por tanto no visible, que está siendo desaprovechada. Es lo que en Greenward Partners denominamos capital ecológico.

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Un grupo de directivos procedentes de entidades financieras como BBVA, Santander y de grandes cotizadas como Iberdrola, Ferrovial o Endesa ha lanzado la primera empresa de capital ecológico en España.

Se trata de Greenward Partners, que se especializará en financiar proyectos de mejora de eficiencia energética en todo tipo de edificios a través de préstamos que se pagan exclusivamente con los ahorros generados por esas mejoras y con la única garantía adicional de los propios inmuebles.

Según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica, España necesitará 40.191 millones de euros en los próximos 10 años para financiar proyectos de mejora de la eficiencia energética en edificios, por lo que «existe una clara oportunidad de mercado». Así lo explica Eduardo Brunet, consejero delegado de la nueva compañía, en la que participan otros directivos con experiencia en el sector financiero, energético e inmobiliario.

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¿Es el parque residencial español un mercado propicio para invertir en eficiencia energética? Aunque hasta la fecha la renovación de viviendas prácticamente se ha limitado a las inspecciones técnicas de edificios impulsadas por los distintos ayuntamientos, el sector de la rehabilitación tiene una oportunidad única para desarrollarse. Esto es así, según la compañía Greenward Partners, porque de los 86.476 millones de euros que son necesarios para revertir esta situación más de la mitad están relacionados con la edificación. Son cifras aportadas por el Ministerio para la Transición Ecológica.

Esta empresa, especializada en la financiación de proyectos destinados a la mejora de la eficiencia energética, ha presentado un informe donde desgrana cuáles son las principales oportunidades de inversión para dinamizar la economía española. Idealista/news entrevista a Eduardo Brunet, CEO de Greenward Partners.

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Estos bancos ecológicos tienen un mandato claro: multiplicar y acelerar el impacto de los limitados fondos públicos y, sobre todo, servir como canalizadores de la inversión privada para aprovechar la experiencia, flexibilidad y agilidad del mundo empresarial.

Ya es una realidad innegable. Según una reciente encuesta del Real Instituto Elcano, el 97% de los españoles está de acuerdo en que el cambio climático existe. Una vez identificada la amenaza con tanta claridad, gobernantes, empresarios y otros líderes mundiales están trabajando para encontrar la mejor forma de combatirla. Y entre esas soluciones, debemos poner el foco en la financiación, imprescindible para llevar a cabo las inversiones necesarias frente al desafío de descarbonizar nuestra economía.

El Acuerdo de París en 2016 marcó un hito en la lucha contra el cambio climático y nos presentó un escenario marcado por un billonario déficit de inversión para revolucionar el modelo económico y energético. No basta con los recursos públicos, que son limitados: hay que atraer urgentemente al capital privado para invertir de forma ágil, eficiente y a gran escala en esta necesaria transición.

Aquel pacto trasladó la iniciativa desde la órbita internacional o supranacional hacia el ámbito doméstico, a través de planes de acción nacionales para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Pasamos del entorno global a una esfera glocal, lo que implica también la adaptación y evolución de la actual arquitectura de financiación para proyectos climáticos.

Se trata de combinar la participación en objetivos internacionales de interés público con la responsabilidad local en la búsqueda de soluciones adaptadas al ecosistema y a las particularidades de cada país, desarrollando regulaciones y movilizando recursos al mismo tiempo que se simplifica el complejo sistema de intermediación a través de fondos bilaterales y multilaterales.

En esta esfera glocal, debemos impulsar también en España el modelo exitoso de los bancos verdes, entidades locales especializadas en la financiación de medidas de mitigación y adaptación frente al cambio climático. De titularidad mayoritariamente pública, estos bancos ecológicos tienen un mandato claro: multiplicar y acelerar el impacto de los limitados fondos públicos y, sobre todo, servir como canalizadores de la inversión privada para aprovechar la experiencia, flexibilidad y agilidad del mundo empresarial.

¿Qué ventajas competitivas ofrecen estos bancos verdes? En primer lugar, son independientes y tienen un mandato nítidamente definido: reducir barreras y asignar financiación eficiente para la lucha contra el cambio climático. Permiten agregar recursos privados y públicos, tanto nacionales como supranacionales, para el desarrollo de políticas públicas y la consecución de objetivos de impacto. En otras palabras: los bancos verdes ponen al capital privado -como los grandes fondos de inversión o de pensiones- a trabajar por el bien común.

Las voces más acreditadas llevan tiempo insistiendo en esta idea. «Para conseguir llegar a las cero emisiones en este siglo, los Gobiernos tendrán que maximizar su capacidad de adjudicar enormes cantidades de inversión privada en infraestructuras bajas en carbono y los bancos verdes pueden acelerar este cambio tanto a nivel nacional como regional», ha dicho Ángel Gurría, secretario general de la OCDE. «El banco verde es el instrumento a través del cual los Gobiernos pueden involucrar al sector privado e implementar la financiación superando barreras», ha explicado Michael Eckhart, director general de Citigroup y uno de los líderes mundiales en financiación contra el cambio climático.

En su reciente libro El Green New Deal global, el divulgador Jeremy Rifkin también apuesta por la creación de bancos verdes en todos los países, a nivel estatal y regional, como una de las medidas cruciales para hacer frente al colapso que él calcula para 2028 de los activos económicos vinculados a las energías que proceden de fuentes fósiles.

Dentro del amplio abanico de instrumentos que gestionan y promueven los bancos verdes, estas instituciones sirven para movilizar capital, aportar financiación y garantías e impulsar la innovación en productos y soluciones a través de proyectos piloto y sandboxes, así como habilitar y acelerar mercados.

Desde Greenward, la primera empresa española que persigue la activación de capital ecológico, defendemos la implantación en nuestro país de este esquema de colaboración público-privada como una forma inteligente, eficiente y compartida para transformar el panorama energético. En marzo asistí en París a la primera Cumbre Internacional de Bancos Verdes, donde representantes de más de 50 países trabajamos durante dos días en la articulación de propuestas concretas para consolidar y ampliar el alcance de estas entidades.

En aquel encuentro fuimos testigos de la materialización de los proyectos de Sudáfrica y Ruanda, que son solamente dos de los más de 15 bancos verdes que hoy existen en todo el mundo, desde los casos de éxito de Connecticut o Nueva York en Estados Unidos hasta Reino Unido, Suiza, Australia, Japón, Indonesia o Malasia, así como agencias y fondos especializados que funcionan bajo el mismo modelo dentro de los bancos nacionales de desarrollo en América Latina y Asia.

La tendencia es clara: en EEUU se ha tramitado una propuesta para crear desde cero un Banco Verde federal, en Europa se está estudiando la posibilidad de dar vida a un Banco Verde en el contexto del Green New Deal y en China nos llevan la delantera en la estructuración de instituciones especializadas en la financiación de proyectos climáticos y también trabajan en el lanzamiento de un Banco Verde central, por mencionar solo tres ejemplos significativos.

Necesitamos instituciones especializadas que sean capaces de dar soluciones innovadoras y canalizar eficientemente los ingentes recursos del ahorro privado que actualmente están infrautilizados. Los bancos verdes son una evidente historia de éxito y un modelo replicable en cualquier lugar del mundo. ¿A qué esperamos para abrir en España nuestro propio Banco Verde?

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